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Tema: El Amor

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    El Amor

    Dejo a continuación un escrito sobre el amor que publiqué en 2008. Espero que os guste.

    El Amor
    El amor es mucho más que un sentimiento, es un componente intrínseco de la naturaleza esencial del ser humano. Cuando conseguimos apartar nuestro ego, nuestro temor, nuestro sufrimiento, cuando no hay pensamiento y nos adentramos en la vacuidad, el amor surge, mana en nosotros como lo hacen la alegría y la felicidad. Está en todos nosotros y es antes y después que el odio o que cualquier otro sentimiento maligno. Es, junto con la comprensión, nuestra gran esperanza, además de una parte fundamental de nuestra verdad con mayúsculas.
    El amor es un acto de dar; lo definen muy bien los poetas: es abrir el corazón. Si somos capaces de profundizar en la sensación, cuando amamos podemos notar como si el pecho se abriese por su centro permitiendo emerger desde su interior una energía que se irradia en nosotros y hacia nuestro entorno como una luz esplendorosa y gratificante.
    Es difícil aislar una emoción en la experiencia, por lo que normalmente lo experimentaremos acompañado de otras tales como la alegría y la compasión, y de actitudes como el interés, pero no el interés egoísta, sino el interés por la vida, por las cosas en general. Cuando experimentamos una emoción como la alegría, el temor no es compatible con esa experiencia. Del mismo modo, cuando experimentamos amor, el odio y la ira dejan de estar presentes. No podemos ejercer la alegría voluntariamente, no podemos decidir: “hoy voy a estar alegre” y alegrarnos sin más; sin embargo, el amor sí que podemos ejercerlo, dado que es un ejercicio de dar. Tal vez a una persona poco entrenada le
    cueste hacerlo voluntariamente y de corazón, sin embargo, no le será muy difícil si decide esforzarse en amar aquellas cosas que repudia y llenan su vida de odio, minándola, sin tan siquiera preguntarse por qué las odia. El mero planteamiento de esa realidad le puede ayudar a hacer ese esfuerzo y tener así la oportunidad de cambiar la experiencia del odio por la del amor. Es fundamental, para quienes deseen adentrarse en el conocimiento interior en aras de una vida más feliz, esforzarse en amar todo aquello que les rodea. Es normal que surjan dudas y dificultades ¿Cómo voy a amar aquello que me hace daño? _ puede que se pregunte_. En principio, comprendiendo que odiándolo le hace aún más daño. El amor le hará un poco más libre y le permitirá obrar con mayor margen y criterio. Si está ofuscado por el odio reaccionará iracundo y obrará condicionado, cegado por ese sentimiento; también bajo el influjo del amor tendrá cierta influencia en sus determinaciones, pero, al margen de si éstas son más loables que aquellas, la libertad de acción que ofrece es infinitamente mayor. Amar no significa potenciar aquello que nos hace daño. La determinación sobre nuestras actuaciones siempre es nuestra, y más cuanto más conscientes somos.
    De ordinario, nos surgen motivos para querer sujetar con nosotros aquello que amamos, queremos hacerlo nuestro y, como sucede con todo lo demás, no lo es, por mucho que lo amemos y lo deseemos no lo es, todo está sujeto a cambios. Ese deseo de atrapar lo que amamos propiciará que surjan egos, apegos en nuestro interior que nos harán sufrir e incluso odiar en ocasiones aquello que tanto amábamos en principio, y que tal vez continuemos amando. Todo es libre ante nuestros intentos de apresarlo, y más aún el amor y lo que amemos. Esa actitud, desear atrapar lo amado, nos impedirá gozar del amor, nos cegará en los celos e incluso en el odio, hasta podrá hacernos repudiar el amor, aborrecer el amar. Es difícil dirimir el amor del deseo, al menos para el neófito, pero el deseo, por apasionante que parezca, nos traerá frustración y desencanto, ansias y sufrimiento; pues aunque por esta vez consigamos lo deseado, habremos forjado en nuestra mente cogniciones, aprendizajes, karma destinado a conseguir las cosas deseándolas, ansiándolas, sufriendo. Sin embargo, el esfuerzo por amar libres de apegos generará en nosotros cogniciones libres de ego, y nos dará la posibilidad de disfrutar de la intensidad del amor no condicionado por el ego y que no esconde la contrapartida del sufrimiento.
    Cuando experimentamos alegría por algo, si permitimos que esa dicha se exprese plenamente, podemos distinguir como a la alegría le acompaña el amor expresando la gratitud que sentimos hacia aquello que ha motivado nuestra alegría. El amor es ser agradecido; es sanador, pues abre nuestros chacras y suelta nuestras tensiones, los nudos que dificultan el fluir de la sangre y de sus nutrientes, de la energía que recorre nuestro cuerpo propiciando que en él haya la armonía necesaria para estar saludables y ser una feliz expresión; es belleza, pues las cosas son del color del cristal con que se miran, y la química que nos produce el amor torna todo de un tono mucho más bello; es luz que ilumina nuestro caminar, pues el amor no es compatible con el odio o la ira, que ciegan nuestra consciencia impidiéndole ver más allá de sus narices; el amor es felicidad. Uno no puede decidir ser feliz, pero si puede decidir ser amable; aunque amemos por ser egoístas, el amor nos hará más bien que mal. Uno no puede decidir ser feliz y serlo sólo con eso; para ser feliz lo primero que se ha de hacer es proponérselo, y en ese propósito ha de incluirse el amor.
    Cuando se tiene la ocasión de experimentar esa experiencia serena y alegre tan intensa en la que cesan todo tipo de ruidos y pensamientos en nuestra mente y el Ser se funde en su esencia con el resto del universo, podemos distinguir una gran energía que se libera en forma de amor. Evidentemente, ni con mucho es necesario tener esa experiencia para experimentar el amor, pero es importante saber que en ausencia de miedos y apegos, felicidad y amor son uno en una constante, y que cuando amamos liberamos esa energía interior que está reprimida por nuestros miedos y apegos apartando en esos momentos nuestros temores y deseos. Y, aparte de disfrutar de esa experiencia, mientras amamos nos ejercitamos en hacerlo, creamos buen karma, buen aprendizaje, además de liberarnos de nuestro ego y sus condicionamientos, pues se trata de un ejercicio de dar, de soltar, lo cual libera, en lugar de coger, de agarrar, lo cual ata.
    El amor genera concordia, lo cual facilita la convivencia entre los hombres y con todos los seres en general.

    Ser amado es muy gratificante, pero amar lo es mucho más.

    Extraído del libro "El Despertar de la Consciencia y la Inteligencia Emocional".
    Joaquín Carrizosa (2008)

  2. Los siguientes usuarios le agradecieron a Joaquín Carrizosa por Post util:

    Javier (07/07/2019)

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